
No hay nada como una introspección adecuada para descubrir cosas que no sabÃamos acerca de nosotros mismos. En este caso, nos referimos a autopreguntarnos sobre cuestiones que pueden hacer que nos demos cuenta de actitudes nuestras o del resto que reflejan lo que nuestros colegas en el trabajo piensan de nosotros. ¿Te invitan a salir? ¿se ponen serios cuando les hablas? ¿tienen la iniciativa de saludarte? tu autoexamen finaliza con esta segunda parte.
¿Tengo un apodo? ¿es insultante?
Un apodo inicial que indica que alguien puede tenerte alguna estima es uno genérico: “tÃo”, “pata”, “amigo”, “colega”, “compadre” y todo el resto de denominaciones generales que abundan en nuestro idioma. Cuando vas avanzando, puede que se modifique de acuerdo a alguna caracterÃstica personal tuya: “gordito”, por ejemplo.
Hay otros que indican un poco más de afecto, como cuando distorsionan o acortan tu nombre: Juan es Juancho, Miguel es Micky, Francisco es Pancho, Roberto es Beto. La vida es más tolerable cuando la gente te trata con afecto de esa manera. Si te llaman de alguna manera con cariño, atesóralo. Si no, tómalo con calma; no se puede forzar el afecto.
¿Eres el objeto de las bromas o burlas?
Puede ser que escuches que dos de tus colegas se estén riendo por lo bajo del nuevo corte de pelo que te has hecho porque hace que resalten tus orejas. Pero… ¿y qué con eso, qué les pasa?
Lo que les pasa es que han encontrado un punto de unión haciéndote sentir como el nerd de la empresa. En ocasiones, ello puede indicar cierto tipo de afecto, expresado por hombres y mujeres para quienes el amor y el sadismo van de la mano. Como tal, ello no te daña.
Pero cuando eres aquel a quien siempre hurtan el almuerzo o quien siempre encuentra en el resto una actitud como la de los matoncitos en la escuela, tienes que decir “hasta aquÔ y detener el cÃrculo de crueldad divertida que está alrededor tuyo. Generalmente, es suficiente diciendo firmemente “deja de joder, Fernando”. O tal vez puedes escoger una ruta más feliz, como insultar a sus madres. Escoge tus armas. Pero ten en cuenta una cosa: las únicas personas que son permanentemente intimidadas son aquellas que de alguna manera permiten a la gente hacerlo.
¿Las chicas de la empresa se te acercan?
Si sientes que una mujer se te acerca y hay cierta tensión sexual, o incluso si en la fiesta anual de la compañÃa está tomada y te agarra el trasero, es un buen indicador. Nadie querrÃa juntarse con un perdedor.
Al contrario: ¿qué pienso yo de la gente con la que trabajo? ¿me agradan? ¿busco conversar con ellos? ¿valoro sus opiniones?
Aunque no lo creas, éstas son las preguntas más importantes de todas. Las personas que saben escuchar a otros son a menudo los mejores conversadores, aunque digan pocas palabras. Es la atención que ponen al resto lo que les da esa reputación.
Si otra gente te agrada, tú les agradarás; es asà de simple. Si los tratas con amabilidad y cortesÃa, se sentirán bien en tu presencia y te buscarán. Si actúas como un patán, te odiarán y se mantendrán alejados de tus actividades con vibras negativas.
En otras palabras: no preguntes lo que la gente piensa de ti; pregúntate qué piensas de ellos. Si la respuesta es amable y cariñosa, lo más probable es que obtengas todo ello de vuelta.
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