
Earl Boykins, 1.62 m, 31 años, jugador de basketball
Imagínate en esta situación: vives en EE.UU., donde el basketball es un deporte rey. Eres el mejor jugador de tu escuela o universidad, haciendo 26 puntos como mínimo por juego; te han calificado como el segundo mejor jugador del país y has obtenido reconocimientos múltiples. Haces que tu país gane la medalla de oro en los Juegos Mundiales Universitarios, y te eligen atleta del año. Pero cuando llega la temporada de las convocatorias de la NBA (National Basketball Association), nadie te llama. Eso es algo así como graduarte con honores como abogado de Harvard y que nadie te ofrezca trabajo.
“Pensé que me llamarían durante la primera ronda o a más tardar en la segunda” recuerda Boykins. “Cuando no ocurrió, me decepcioné. Fue la primera vez que vi en realidad que algunas personas miraban mi estatura negativamente”.
Pero así como la pelota del deporte que practica, rebotó de vuelta y después de un par de temporadas en la Continental Basketball Association, lo convocaron de la NBA. Ha estado en la liga por nueve años ya, y en la última temporada se le ofreció un contrato para regresar a los Milwaukee Bucks. Dado su nivel de rendimiento, Boykins rechazó la oferta de los Bucks, esperando más.
Boykins es una novedad en un deporte donde los 2.12 m de Shaquille O’Neill prevalecen. En el Golden State, tocaron la canción “it’s a small world” (Es un mundo pequeño) cuando entró al campo a jugar. Donde quiera que sea, él es conocido “la miniatura de dos dígitos” por las prolíficas anotaciones que logra (un récord de 15 en un período de sobretiempo, y de 30 a más en cada ocasión). Él se enfrenta rutinariamente a oponentes mucho más altos que él, pero dice no sentirse nunca intimidado. Puede hacer un press de banca con una barra de 143 kg, lo que significa que podría levantar a cualquier otro jugador.
La habilidad atlética de Boykins, aún a corta edad, le ahorraron las incomodidades que otros niños bajos debieron enfrentar: “Nunca fui el último al que escogieron para los juegos”. De hecho, dice que “el basketball ha sido fácil para mí. Siempre pude lanzar. La primera vez que hice 30 puntos en juego, tenía diez años, y supe que sería un jugador de la NBA”.
Ése es el motivo por el que el reclutamiento para la NBA fue un rudo despertar. Por primera vez, sintió lo que llama “el prejuicio”. Y a pesar de todo lo experto que se ha vuelto desde entonces, no siente que sea capaz de cambiar eso. “Siempre será de esa manera, al menos en la NBA, porque la gente tiene miedo a los cambios” dice. “Sam Bowie (2.13 m) fue escogido primero que Michael Jordan (1.95 m) por la misma razón. La gente sólo me ve como un caso especial”.
Aunque Boykins puede ser sensible a este tema (el sonidista del campo nunca volvió a tocar “it’s a small world” de nuevo), nunca lo ha usado como excusa. “Recuerdo a mi padre diciendo, después que no me escogieron, que nada había cambiado en relación a jugar en la NBA, excepto que mi nombre no estaba en la TV. Y así es como lo vi… no iba a permitir que mi altura determine si estaría en la NBA. Si no lo conseguía, iba a ser porque no era lo suficientemente bueno, no porque no fuera lo suficientemente alto. Si quieres una excusa, siempre vas a encontrar alguna”.
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La medida de un hombre
En el trabajo, en el campo de juego, en una cita… cuando no tienes nada qué perder, puedes concentrarte más en ganar. ¿Te subestiman? bien. Cuando otros esperan menos de ti, es fácil superar las expectativas. Adopta una ética de mejora constante: estate seguro de tus habilidades, pero nunca asumas que éstas no pueden ser mejoradas. Acepta quién eres: “¿De qué tamaño me siento?” dice Boykins. “Todos los días, de 1.62 m”.
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